{"id":2908,"date":"2012-06-13T12:00:00","date_gmt":"2012-06-13T16:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/canasanta.ca\/?p=2908"},"modified":"2026-10-16T20:45:02","modified_gmt":"2026-10-17T00:45:02","slug":"frank-correa-romero-catano-el-campesino-narrativa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canasanta.ca\/en\/cultura\/narrativa\/frank-correa-romero-catano-el-campesino-narrativa\/","title":{"rendered":"Frank Correa Romero :: Catano, el campesino :: Narrativa"},"content":{"rendered":"<div style=\"font-family:Georgia,serif;font-size:19px;line-height:1.8\">\n<p>Viv\u00eda al pie de una monta\u00f1a, a la orilla del r\u00edo. Era alto, desgarbado y en las pocas ocasiones que re\u00eda, mostraba unas enc\u00edas muy rojas, sin dientes, evidencias del escorbuto. Ana, su mujer, era profundamente religiosa. Todo en ella giraba en torno a Dios y sus se\u00f1ales.<\/p>\n<p>Los ciclones y despu\u00e9s la fuerte sequ\u00eda que azot\u00f3 a Guant\u00e1namo acab\u00f3 con los cultivos. Sin m\u00e1s opci\u00f3n para salvarse, los campesinos se agruparon en cooperativas y trabajaban por una paga. El estado le entrega un salario m\u00edsero y no le garantizaba la rotulaci\u00f3n del suelo, ni semillas, ni fertilizantes, ni plaguicidas, ni regad\u00edo. Deb\u00edan entregarle toda la mercanc\u00eda, que muchas veces se echaban a perder por falta de almacenes para el acopio y transporte para la distribuci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entre l\u00edneas se le\u00eda que el estado le pagaba a los campesinos con educaci\u00f3n y salud p\u00fablica gratuitas.<\/p>\n<p>Catano no quiso alistarse en la cooperativa y qued\u00f3 con su familia en lo m\u00e1s profundo de aquel valle, empobrecido junto al r\u00edo que luchaba por continuar vivo y correr caudaloso hasta el mar.<\/p>\n<p>No contaba con una bomba para extraer agua, ni un centavo para instalar la bomba. La salinidad flagel\u00f3 el suelo y un d\u00eda descubri\u00f3 que no quedaba en el surco ni una col. El corral estaba vac\u00edo. No ten\u00eda para sus hijas y su mujer ni un pedazo de pan.<\/p>\n<p>Sus dos hijas ten\u00edan de mascota una gallina, que pon\u00eda un huevo todos los d\u00edas que eran su desayuno. Era domingo, aunque las ni\u00f1as renegaran, el ave era fuerte candidata a la comida ese d\u00eda. \u2014\u00a1Dios m\u00edo, \u00bfgallina con qu\u00e9\u2026?! Catano, si salieras a dar una vuelta por ah\u00ed. El monte siempre regalaba algo. Dios jam\u00e1s abandona a sus hijos.<\/p>\n<p>Rez\u00f3 en silencio, con los ojos cerrados. \u2014Subir\u00e9 la monta\u00f1a \u2014dijo el campesino\u2014. Voy a entrar en la finca de Fidel. \u2014Que la Divina Providencia te acompa\u00f1e. Y ten cuidado con los perros. Tu olor se siente a una legua. Catano bes\u00f3 a la mujer y a las ni\u00f1as. Enfund\u00f3 su machete, tom\u00f3 un saco de yute, una soga y comenz\u00f3 a subir la monta\u00f1a. Era un camino pedregoso, muy poco transitado. La casa se fue alejando all\u00e1 abajo. Al rato, el camino se achic\u00f3 tanto que se volvi\u00f3 un trillo. A la hora y media de subir, la casa era un punto junto al r\u00edo.<\/p>\n<p>Al rato estuvo m\u00e1s alto. El sordo sonido del r\u00edo hab\u00eda dejado de escucharse. Solo el follaje de sus orillas lo delineaba hasta perderse de vista. El valle se extend\u00eda hasta el horizonte. Los sembrad\u00edos de la cooperativa visto desde esa altura eran solamente cuadr\u00edculas festinadas por los surcos y los canales de regad\u00edos. Y el caser\u00edo con tejados de zinc que brillaban al sol, donde viv\u00edan ahora los campesinos.<\/p>\n<p>Se detuvo un momento a descansar sobre una piedra. El silencio en aquella altura de la monta\u00f1a era espectral. Le dol\u00edan todas las articulaciones, no trabajar la tierra acrecentaba su sedentarismo y los s\u00edntomas del escorbuto. Cuando vinieron a pedirle que se integrara a la cooperativa lo rechaz\u00f3 decididamente. Ahora comprend\u00eda que su decisi\u00f3n arrastr\u00f3 a su familia a la ruina. Por lo menos en la cooperativa hubieran tenido un plato de comida. Subi\u00f3 un tramo m\u00e1s y vio a lo lejos una posta con escopeta que cuidaba el per\u00edmetro. Sab\u00eda que invadiendo la propiedad delinqu\u00eda, pero \u00bfqu\u00e9 iba a hacer? \u00bfDejar morir de hambre a la familia?<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 a sentir fr\u00edo y miedo. Se tendi\u00f3 en la tierra y comenz\u00f3 a arrastrarse lentamente como una sabandija, ayud\u00e1ndose de los troncos y bejucos. Ante s\u00ed ten\u00eda una inmensa extensi\u00f3n de surcos bien surtidos. Desenroll\u00f3 el saco y con el machete comenz\u00f3 a cortar los alimentos que sacar\u00edan a su familia de apuros. \u00d1ames, malangas, boniatos, pl\u00e1tanos, tomates, coles, calabazas, aj\u00edes, cebollas, ajos, pepinos, lechugas, r\u00e1banos&#8230; hasta que el saco estuvo completamente lleno. Lo amarr\u00f3 fuertemente con un pedazo de soga y cuando fue a cargarlo escuch\u00f3 ladrar los perros. Primero fue ladrido de aviso y luego una jaur\u00eda que se le ech\u00f3 encima.<\/p>\n<p>Sin perder un segundo, Catano regres\u00f3 al trillo arrastrando el pesado saco y se dej\u00f3 caer. Dos enormes perros ya se le echaron encima. Uno logr\u00f3 morderle un brazo, el otro agarr\u00f3 la punta del saco entre las fauces.<\/p>\n<p>Catano tir\u00f3 machetazos a diestras y siniestras y logr\u00f3 que lo soltaran. Escap\u00f3 rodando trillo abajo, aunque se magullaba contra las piedras y dejaba jirones de piel, no soltaba el trofeo. Muchas veces el saco iba delante, arrastrando a Catano como un lastre, otras, bajaban abrazados como padre e hijo.<\/p>\n<p>La humedad del trillo volv\u00eda vertiginoso el descenso y a los perros le fue imposible darle alcance. Se escucharon disparos y una voz que llamaba a los perros.<\/p>\n<p>Cuando estuvo completamente seguro de estar a salvo, detuvo la ca\u00edda. Estaba molido, ten\u00eda la cara rasgu\u00f1ada, los codos destrozados y el brazo mordido, pero estaba contento por su victoria sobre los perros. Y de poder regresar al boh\u00edo con comida y salvar a su familia.<\/p>\n<p>El silencio regres\u00f3 a la monta\u00f1a, solo se escuchaba la respiraci\u00f3n enfermiza de Catano, que enfermo, cansado, pero feliz, decidi\u00f3 continuar bajando. Reuni\u00f3 todas las fuerzas que pudo y quiso echarse el saco al hombro, entonces comprendi\u00f3 que pesaba una enormidad.<\/p>\n<p>El susto de estar perseguido por una jaur\u00eda lo ayud\u00f3 a arrastrarse con el saco mientras hu\u00eda, pero el saco pesaba tanto como un buey muerto o una gran piedra de r\u00edo. De todas formas lo sostuvo y avanz\u00f3 despacio, primero una bota, luego la otra, el fango del trillo no ayudaba en lo m\u00e1s m\u00ednimo, hasta que finalmente cay\u00f3 de bruces.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 a sentirse un jodido acabado por la vida. El recuerdo de Ana y las ni\u00f1as lo hicieron levantarse y echarse el saco a la espalda como un mulo y pudo bajar algunos metros, pero resbal\u00f3 y perdi\u00f3 el equilibrio.<\/p>\n<p>Nuevamente en el piso, con la respiraci\u00f3n entrecortada, escupiendo hojas secas y fango, lo intent\u00f3 otra vez. Doblado bajo el gran peso y dando tumbos, un paso, otro m\u00e1s, el trillo resbaladizo, las fuerzas lo abandonaron y cay\u00f3 de costado, con la cara contra el saco y mirando el abismo a unos cent\u00edmetros.<\/p>\n<p>Lo reconfort\u00f3 ver el r\u00edo abajo, brillando con el sol de la tarde, y que ya no se viera neblina, clara se\u00f1al que ya estaba cerca. El olor que emanaba del saco lo reanim\u00f3. Se vio sentado con toda su familia en torno a la mesa, con platos repletos y humeantes. Su hogar feliz con las nuevas perspectivas, pues su consigna en lo adelante ser\u00eda: Primero la familia.<\/p>\n<p>Iba a roturar el suelo con las manos, a sembrar con las u\u00f1as y los surcos los regar\u00eda si fuese necesario a cubos.<\/p>\n<p>Se movi\u00f3 un poco, logr\u00f3 poner el saco a la espalda y asirlo, de manera que al levantarse subiera. Pero las manos se le engarrotaron. Ahora vio a sus dos hijas junto a \u00e9l, sobre el fango del trillo: \u2014\u00bfPapi, quieres que te ayudemos? Aquello funcion\u00f3 como un estampido. Se puso de pie y embisti\u00f3 el saco, pero no logr\u00f3 moverlo, estaba soldado al piso. Semejaba una acusaci\u00f3n desconcertante y mortal que parec\u00eda acribillarlo con preguntas: \u00bfA d\u00f3nde me llevas? \u00bfEres mi due\u00f1o? \u00bfT\u00fa me sembraste? Catano, creyendo que el saco hablaba comenz\u00f3 a contestarle: \u2014\u00a1Por favor, coopera, es por una causa justa! Y el saco respond\u00eda: \u2014\u00bfCausa justa? \u00bfQu\u00e9 palabras son esas que obligan a un hombre a robar? Catano se enfureci\u00f3: \u2014\u00a1Co\u00f1o, no me jodas, que solo soy un simple campesino, con una familia desesperada que te necesita!<\/p>\n<p>Catano arremeti\u00f3 contra el saco con todas las fuerzas y entonces su organismo revent\u00f3 un pedo que inund\u00f3 la monta\u00f1a de podredumbre. Casi inconsciente se dej\u00f3 caer junto al saco por el trillo llorando con el dolor de un padre que no puede salvar a la familia.<\/p>\n<p>Rod\u00f3 trillo abajo dando vueltas sin apenas enrumbar bien el camino y en un recodo, apareci\u00f3 de repente el abismo. Catano tuvo que agarrarse a unos bejucos para no despe\u00f1arse, pero el saco cay\u00f3 al vac\u00edo. Se escuch\u00f3 un sonido de ramas rotas y luego un chapoteo y se perdi\u00f3 en la corriente del r\u00edo.<\/p>\n<p>Se asom\u00f3 al barranco, pero s\u00f3lo vio las tupidas copas de lo \u00e1rboles abajo. Estuvo dos horas desplomado en la orilla del precipicio, adolorido, con el brazo hinchado y la cabeza como un t\u00edo vivo. El dolor que le provocaba la gran p\u00e9rdida de su gran amigo, el saco, superaba todos los dolores f\u00edsicos juntos. Un saco digno. Tal vez demasiado digno para un campesino abanderado de todas las desgracias posibles. Preso de una pena inmensa por regresar con las manos vac\u00edas, tambale\u00e1ndose y hecho trizas, Catano avanz\u00f3 hasta su rancho. Las ni\u00f1as al verlo en esa facha, dejaron el juego con la gallina y corrieron en su ayuda. Ana, llorando, lo sostuvo cuando entr\u00f3 a la sala.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Por Dios&#8230; hombre! \u00bfQu\u00e9 te ha pasado? Catano no pod\u00eda articular palabra. Se dej\u00f3 caer en un asiento. Una sola idea lo martillaba: \u00a1No pude, Ana! \u00a1No pude! Advirti\u00f3 entonces que un agradable olor se esparc\u00eda por toda la casa. Sus ojos se entreabrieron lentamente, pasaron de su mujer, a las ni\u00f1as, al par de suculentas ollas que humeaban a todo vapor en la cocina. Comprendiendo el estupor de su marido, la mujer mir\u00f3 al cielo y se persign\u00f3. \u2014\u00a1Ay, Catano, la Divina Providencia\u2026! El r\u00edo nos trajo un saco lleno de comida.<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Viv\u00eda al pie de una monta\u00f1a, a la orilla del r\u00edo. Era alto, desgarbado y en las pocas ocasiones que re\u00eda, mostraba unas enc\u00edas muy rojas, sin dientes, evidencias del escorbuto. Ana, su mujer, era profundamente religiosa. Todo en ella giraba en torno a Dios y sus se\u00f1ales. 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