{"id":2503,"date":"2026-10-16T10:50:49","date_gmt":"2026-10-16T14:50:49","guid":{"rendered":"https:\/\/canasanta.ca\/uncategorized\/martha-batiz-zuk-las-siete-marias-narrativa\/"},"modified":"2026-10-16T10:56:53","modified_gmt":"2026-10-16T14:56:53","slug":"martha-batiz-zuk-las-siete-marias-narrativa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canasanta.ca\/en\/cultura\/narrativa\/martha-batiz-zuk-las-siete-marias-narrativa\/","title":{"rendered":"Martha B\u00e1tiz Zuk :: Las siete Mar\u00edas :: Narrativa"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Durante varias semanas se habl\u00f3 por toda la regi\u00f3n del parto m\u00faltiple de do\u00f1a To\u00f1a. Siete ni\u00f1as, sanas y fuertes, salieron del vientre hinchado, gritando a todo pulm\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Apenas terminaba do\u00f1a To\u00f1a de amamantarlas a todas, a las primeras glotonas se les abr\u00eda nuevamente el apetito; treinta d\u00edas y treinta noches se mantuvo despierta turn\u00e1ndolas concienzudamente para alimentarlas, y al cabo de una semana de afanosa labor, sus tetas parec\u00edan ya las ubres de una vaca obesa.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Mientras las ni\u00f1as crec\u00edan, do\u00f1a To\u00f1a iba haci\u00e9ndose m\u00e1s y m\u00e1s peque\u00f1a, como si cada gota de leche perdida le hubiera robado un trozo de su ser, hasta que \u2013por temor a desaparecer entera\u2014decidi\u00f3 destetar a sus hijas. Elegirles nombre resultaba casi tan dif\u00edcil como distinguirlas unas de otras, de manera que finalmente do\u00f1a To\u00f1a opt\u00f3 por llamarlas \u201cMar\u00eda\u201d a todas, para no equivocarse nunca.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Do\u00f1a To\u00f1a y sus siete Mar\u00edas viv\u00edan en una casona de las afueras del pueblo. El esc\u00e1ndalo que formaban las peque\u00f1as era ensordecedor porque lo que le suced\u00eda a una, lo sent\u00edan las otras con igual intensidad. As\u00ed, cada resbal\u00f3n jugando en el patio o el jard\u00edn val\u00eda por siete, y los llantos trastornaban a su empeque\u00f1ecida y regordeta madre, quien corr\u00eda de una ni\u00f1a a otra intentando consolarlas a todas a un tiempo y descubrir, adem\u00e1s, cu\u00e1l de ellas se hab\u00eda lastimado en realidad.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Las siete Mar\u00edas fueron creciendo con sus problemas multiplicados por siete. Sufrieron en total cuarenta y nueve apendicitis, sarampiones y paperas, catorce fracturas, incontables raspones, resfriados, indigestiones y torceduras, adem\u00e1s de terribles dolores de muelas picadas por culpa de una de ellas, especialmente golosa. Cada jal\u00f3n de trenza de uno de sus compa\u00f1eros de pupitre, les dol\u00eda a todas, pero luego se desquitaban rodeando al agresor hasta marearlo. De esta forma fueron libr\u00e1ndose poco a poco de esos ataques infantiles que en opini\u00f3n de do\u00f1a To\u00f1a eran normales, pero para las ni\u00f1as resultaban imperdonables.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Al entrar en la pubertad, los conflictos empezaron a ser m\u00e1s graves: cada vez que alguna Mar\u00eda intentaba quitar un barrito de su rostro, las otras seis sent\u00edan el pellizco y se enfadaban. Do\u00f1a To\u00f1a ten\u00eda que ir cada semana a conseguir, adem\u00e1s del mandado, decenas de rosas y duraznos para hacerles lociones que esperaba disminuyeran la frecuencia de las discusiones que ocasionaba eliminar aquellos brotes. En realidad, todo el pueblo estaba azorado ante la paciencia y constante buen \u00e1nimo de do\u00f1a To\u00f1a, quien llevaba a sus siete hijas en fila al doctor, a escuchar misa, a la escuela, siempre juntas; la madre deb\u00eda aliviar insomnios, sanar malestares, calmar enojos, saciar curiosidades y antojos a veces correspondientes a media centena de jovencitas: las siete Mar\u00edas sufr\u00edan seis c\u00f3licos de menstruaci\u00f3n al mes adem\u00e1s del propio, igual n\u00famero de quemaduras con las ollas de la cocina y de pinchazos con la aguja del bordado vespertino, pero do\u00f1a To\u00f1a nunca estaba demasiado fatigada para atenderlas. Parec\u00eda contar, en cambio, con la fuerza y salud de siete mujeres.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">La situaci\u00f3n empeor\u00f3 cuando una de las Mar\u00edas se enamor\u00f3 por primera vez. Las siete perdieron el apetito s\u00fabitamente, ten\u00edan los pulsos acelerados, les era imposible concentrarse para estudiar o coser, se les estropeaban m\u00e1s a menudo los guisos, pero como s\u00f3lo una ten\u00eda razones para ello, las otras seis estaban muy molestas por la confusi\u00f3n que sent\u00edan. Do\u00f1a To\u00f1a se vio envuelta entre suspiros y pleitos feroces, aunque la mayor parte del tiempo sus Mar\u00edas so\u00f1aban despiertas, ensimismadas; canturreaban melod\u00edas improvisadas mientras yac\u00edan sobre el c\u00e9sped del jard\u00edn, o estaban recostadas en las hamacas de seda, o bebiendo limonada en el viejo patio de mosaicos rojos. La madre empez\u00f3 a inquietarse y rez\u00f3 con devoci\u00f3n un rosario por cada una durante diez d\u00edas, para sentirse m\u00e1s tranquila.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Al cabo de unas semanas, Mar\u00eda no pudo m\u00e1s y busc\u00f3 a Juan para confesarle su amor; sin embargo, se avergonz\u00f3 tanto al enfrent\u00e1rsele que las otras seis no quisieron levantarse siquiera esa ma\u00f1ana. Todas estaban sonrojadas, profundamente angustiadas, as\u00ed que do\u00f1a To\u00f1a tuvo que cocer seis jarras de t\u00e9 de tila con botones de flor de manzanilla antes de marcharse en pos de la Mar\u00eda ausente. Furiosa y desesperada recorri\u00f3 cada calle del pueblo sin \u00e9xito, pues nadie supo darle raz\u00f3n de su paradero.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">A su regreso, entr\u00f3 en p\u00e1nico al hallar a sus seis hijas sonriendo emocionadas, danzando desnudas por la casa. Dec\u00edan sentir un cosquilleo muy extra\u00f1o por todo el cuerpo, particularmente agradable entre las piernas. Do\u00f1a To\u00f1a mont\u00f3 en c\u00f3lera y de inmediato les orden\u00f3 ba\u00f1arse en agua helada y hacerse fomentos con hojas de menta y eucalipto. Mar\u00eda, entre los brazos de Juan, tumbada sobre la hierba, sinti\u00f3 mucho fr\u00edo, pero eso s\u00f3lo la empuj\u00f3 a abrazarse a \u00e9l con mayor fuerza. A\u00fan bajo el agua fresca, el coro de gemidos en casa de do\u00f1a To\u00f1a estremec\u00eda las paredes. Los insultos y golpes de castigo que les propinaba la desesperada madre s\u00f3lo parec\u00edan agravar la situaci\u00f3n. Mar\u00eda la pr\u00f3fuga se hab\u00eda propuesto oponer tanta resistencia como le fuera posible a los sentimientos y sensaciones contagiadas por sus hermanas y, a pesar de dolerle el cuerpo, los besos y las caricias de Juan le aliviaban el creciente malestar.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Despu\u00e9s de un rato los moretones de todas les dol\u00edan a cada una, y las siete Mar\u00edas se soltaron a llorar. Ante el inusitado y abundante llanto de su Mar\u00eda, Juan se asust\u00f3 tanto que prefiri\u00f3 huir del pueblo en ese mismo momento. Mar\u00eda estaba tan lastimada y extasiada a la vez que no pudo correr tras \u00e9l. Verlo desaparecer medio desnudo entre los matorrales la hundi\u00f3 en una profunda depresi\u00f3n. Lo llam\u00f3 a gritos hasta quebrarse la voz, y rompi\u00f3 a llorar sin consuelo. Ya hab\u00eda anochecido cuando do\u00f1a To\u00f1a la encontr\u00f3. La enorme tristeza de su hija le redujo la furia tanto como el apetito infantil hab\u00eda reducido su estatura, de manera que s\u00f3lo intent\u00f3 reconfortarla y la ayud\u00f3 a caminar de vuelta a la casona, sin hacerle reproches ni preguntas. Se arrepinti\u00f3 de haber golpeado a sus Mar\u00edas por primera vez, y se jur\u00f3 a s\u00ed misma que ser\u00eda la \u00faltima.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Una vez juntas, do\u00f1a To\u00f1a no sab\u00eda a cu\u00e1l de las siete Mar\u00edas consolar primero. Mar\u00eda no paraba de llorar de amor, y las dem\u00e1s sufr\u00edan con ella. El llanto era tan copioso que el piso de la casa comenz\u00f3 a inundarse. Do\u00f1a To\u00f1a desisti\u00f3 de utilizar franelas y tuvo que sacar primero todos sus pocillos y frascos, y luego un par de cubetas oxidadas para recoger en ellas las l\u00e1grimas de sus siete hijas. Entre m\u00e1s recordaba Mar\u00eda a Juan, m\u00e1s se aflig\u00eda, y m\u00e1s a\u00fan lloraban todas. Do\u00f1a To\u00f1a acab\u00f3 vaciando todas sus botellas de licor, salsas y vinagre, para llenarlas con l\u00e1grimas. A los pocos d\u00edas, el pueblo estaba al tanto de lo que acontec\u00eda en la casa y, empujadas m\u00e1s por curiosidad morbosa que por compasi\u00f3n, las dem\u00e1s mujeres fueron, entre chismes, a ofrecerle m\u00e1s recipientes para las l\u00e1grimas, que no cesaban ni un segundo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Fue casualmente que do\u00f1a To\u00f1a decidi\u00f3 vender las l\u00e1grimas de sus hijas. Una de las vecinas se hab\u00eda llevado un frasco y, al beber de \u00e9l por equivocaci\u00f3n, se puso a llorar descontroladamente toda la tarde. Tras repetir el experimento, las mujeres descubrieron que resultaba \u00fatil para cuando hubiera que asistir a alg\u00fan entierro o, como pudo comprobar la esposa del tendero, para chantajear hasta conseguir del marido aquello que se deseara. Pronto todas en el pueblo quisieron hacerse de una o dos botellas de l\u00e1grimas de las Mar\u00edas, para guardarlas en casa y tenerlas a mano, por lo que pudiera ofrecerse; as\u00ed, comenzaron a pagarle a do\u00f1a To\u00f1a a cambio de unas pocas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">El llanto de las Mar\u00edas era cada vez m\u00e1s abundante. Mar\u00eda se lamentaba a cada instante por Juan, pero tambi\u00e9n por ver el estado en que se encontraban sus hermanas. Ellas lloraban por la aflicci\u00f3n y desesperanza de Mar\u00eda, y por s\u00ed mismas. El desconsuelo aumentaba al verse unas a otras tan abatidas, y los pla\u00f1idos con \u00e9l. Do\u00f1a To\u00f1a habr\u00eda enloquecido de no haber sido porque los alaridos y lloriqueos la dejaron sorda a los pocos d\u00edas del principio del desastre.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Paulatinamente, la \u201clagrimer\u00eda\u201d de do\u00f1a To\u00f1a fue cobrando fama por los alrededores. Hombres y mujeres de todas partes llegaban deseando conseguir l\u00e1grimas para llorar en cualquier ocasi\u00f3n. Desde las ciudades acudieron varios abogados por unos cuantos litros, para que sus clientes conmovieran a los jurados con mayor facilidad; mujeres ad\u00falteras las requer\u00edan con urgencia para convencer a los maridos del m\u00e1s grande amor; hombres que quer\u00edan aparecer arrepentidos frente a amantes ofendidas tambi\u00e9n deseaban tener su propio frasco\u2026 Las procesiones a la lagrimer\u00eda eran interminables.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Do\u00f1a To\u00f1a no se habr\u00eda alterado tanto de no haber sido porque, de tanto llorar, las Mar\u00edas comenzaron a arrugarse. La buena mujer se asust\u00f3 m\u00e1s a\u00fan al descubrir que, entre m\u00e1s se arrugaban, m\u00e1s miedo sent\u00edan y mayor todav\u00eda era su llanto. Acudieron varias decenas de doctores a revisarlas, pero ning\u00fan jarabe surti\u00f3 efecto. Do\u00f1a To\u00f1a incluso contrat\u00f3 a los mejores c\u00f3micos circenses de la regi\u00f3n para que hicieran re\u00edr a las Mar\u00edas, pero al verlas tan desesperadas se sent\u00edan tan tristes que se deprim\u00edan tambi\u00e9n, y les era imposible hacer malabares divertidos. Ni las constantes limpias de los m\u00e1s afamados brujos, ni las bendiciones de los p\u00e1rrocos de las poblaciones aleda\u00f1as las calmaban. Como \u00faltimo recurso, do\u00f1a To\u00f1a accedi\u00f3 a buscar a Juan, pero no pudo encontrarlo en ninguno de los pueblos vecinos. Ofreci\u00f3 todo el dinero ganado en la lagrimer\u00eda como recompensa a quien lo condujera hasta su casa e hiciera posible que se reuniera con Mar\u00eda, pero fue in\u00fatil. S\u00f3lo aparec\u00edan ante el port\u00f3n largas hileras de falsos juanes que decepcionaban a la joven, agrav\u00e1ndose los llantos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">A pesar de los esfuerzos hechos por do\u00f1a To\u00f1a, las siete Mar\u00edas se arrugaban cada vez m\u00e1s. Comenzaron entonces los rezos desesperados, la impaciencia, y por \u00faltimo, las maldiciones silenciosas en medio del aguacero de l\u00e1grimas. Do\u00f1a To\u00f1a les preparaba jugos de frutas ex\u00f3ticas y les untaba loci\u00f3n de s\u00e1ndalo porque tem\u00eda que, de tanto llorar, sus Mar\u00edas acabaran por secarse. Noventa d\u00edas con sus noches cuid\u00f3 de sus hijas sin descanso, aliment\u00e1ndolas, ungi\u00e9ndolas, envolviendo los cuerpos con s\u00e1banas, toallas y vendas, pero sus desvelos fueron vanos. El incesante llanto provoc\u00f3 que de pronto, tras arrugarse, las Mar\u00edas empezaran tambi\u00e9n a encogerse. Exasperada, do\u00f1a To\u00f1a clausur\u00f3 la lagrimer\u00eda y corri\u00f3 a gritos a todos los clientes y curiosos que deambulaban cerca de su casa.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Nadie supo de ellas hasta que, a los pocos d\u00edas, do\u00f1a To\u00f1a fue al pueblo con el \u00fanico prop\u00f3sito de solicitar al artesano la confecci\u00f3n de siete cajitas, del tama\u00f1o de un dedal, de madera de caoba, cada una barnizada de un color del arcoiris. Ignor\u00f3 los comentarios y preguntas que le hicieron al verla, y se neg\u00f3 tajante a aceptar compa\u00f1\u00eda alguna en el trayecto de regreso a su casa.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-family: Georgia, serif; font-size: 19px; line-height: 1.8;\">Cav\u00f3 con las manos un agujero en la esquina m\u00e1s soleada del jard\u00edn, y con suma delicadeza acomod\u00f3 en \u00e9l los siete diminutos estuches, procurando quedaran lo m\u00e1s cerca posible unos de otros. Despu\u00e9s, fue a sentarse en el viejo sill\u00f3n de la terraza, con la mirada perdida en direcci\u00f3n del pasto, para esperar que el tiempo la borrara al fin del mundo, y con ella, todo rastro de lo que hab\u00eda sucedido en aquel lugar.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante varias semanas se habl\u00f3 por toda la regi\u00f3n del parto m\u00faltiple de do\u00f1a To\u00f1a. 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